Raíces en movimiento: mi viaje como migrante
La historia real de una madre migrante que dejó Ecuador para empezar de cero en Dubái con solo 50 dólares, fe y un contrato de trabajo que cambió su vida.
5/8/20242 min read


Mi viaje como migrante de Ecuador a Dubái: fe, resiliencia y una nueva vida
Migrar desde Ecuador a Dubái fue una de las decisiones más difíciles de mi vida. Dejé a mis hijos, mi familia y todo lo que conocía, impulsada por la necesidad de darles un mejor futuro. No migré con dinero ni con un plan perfecto; migré con fe, miedo y una promesa: regresar más fuerte por ellos.
Como muchas mujeres migrantes latinoamericanas, tomé una decisión que rompe el corazón, pero también despierta una fuerza que no sabías que tenías.
Un contrato que cambió mi destino
Mi viaje comenzó cuando una empresa en Dubái me ofreció un contrato de trabajo y decidió cubrir todo mi proceso: visa, boletos, alojamiento y comida. En mi peor momento, cuando no tenía ni siquiera para comprar los tickets, apareció esta oportunidad. Todo fue rápido, real y casi milagroso.
Sentí que Dios estaba abriendo una puerta cuando yo ya no tenía fuerzas para tocar.
Llegar a Dubái con 50 dólares
Llegué a Dubái con solo 50 dólares en el bolsillo, en uno de los países más caros del mundo. La empresa me proporcionó alojamiento y comida, lo que hizo el camino más fácil en lo económico, pero no en lo emocional.
El verdadero desafío fue adaptarme a una nueva cultura, a un idioma diferente y a un ritmo de trabajo intenso. La soledad, la nostalgia por mis hijos y la presión de demostrar mi valor fueron parte del proceso.
La incomodidad que te reconstruye
Migrar es incómodo. Te rompe por dentro, te enfrenta contigo misma y te obliga a reinventarte. Pero también te reconstruye. En esa incomodidad descubrí una versión de mí que no conocía: más fuerte, más resiliente y más consciente de mi propósito.
Aprendí que la migración no solo es un cambio de país, es un proceso de transformación personal.
Dios no abandona
En cada paso sentí que Dios no me soltaba. En el primer salario, en cada mensaje de mis hijos, en cada oportunidad que aparecía cuando parecía imposible. La fe fue mi ancla en los días más oscuros y mi fuerza en los días más largos.
Una nueva vida en Dubái
Hoy trabajo en un resort de lujo en Dubái y sigo construyendo mis sueños como mujer migrante y madre. Mi historia no es perfecta, pero es real. Es la historia de miles de mujeres que cruzamos fronteras con el corazón dividido, pero con una fuerza que nadie puede quitar.
Si estás pensando en migrar, quiero decirte algo: no necesitas tenerlo todo resuelto para empezar. A veces, solo necesitas fe, valentía… y 50 dólares.
